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El Tomate en España


En España, el tomate es mucho más que un ingrediente: es territorio, tradición y memoria gastronómica. Su incorporación definitiva transformó la cocina popular y en gran medida sentó las bases de la dieta mediterránea. 


Introducción

El tomate no es originario de la península ibérica, pero acabó convirtiéndose en uno de los ejes de la cocina española. 

La documentación del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación muestra que llegó a España en la primera mitad del siglo XVI, que durante bastante tiempo tuvo un uso alimentario limitado y ornamental, y que su incorporación general a la dieta se consolidó entre los siglos XVII y XVIII, especialmente en áreas como Andalucía, Murcia y Valencia. 

Esa cronología importa porque explica por qué buena parte del recetario español “moderno” no se entiende sin el tomate, mientras que la cocina medieval y buena parte de la renacentista sí podían prescindir de él. 


La producción en España

España es uno de los principales productores y exportadores de tomate fresco del mundo y líder en Europa junto con Italia y los Países Bajos. Nuestra producción anual se sitúa entre los 4 y 5 millones de toneladas, sumando fresco e industria.

La exportaciones alcanzan valores superiores a 700.000 toneladas de tomate fresco anuales y las principales regiones productoras son Andalucía (Almería, Granada), Extremadura (tomate de industria), Murcia, Canarias, Comunidad Valenciana y Castilla-La Mancha.

A lo largo de nuestro territorio se utilizan diferentes sistemas de cultivo como el invernadero intensivo en el sureste (referente mundial), al Aire libre mecanizado como en Extremadura, o el cultivo tradicional y de calidad en regiones como Castilla y León.

Son muchas las variedades pero son las más destacadas el Raf (Almería), Muchamiel (Alicante), Valenciano, Montserrat (Cataluña), Rosa (incluido el Rosa de Barbastro), Corazón de Buey, Tomate de colgar o de penjar y el Moruno y algunas variedades locales castellanas.


El Tomate en la gastronomía española

Hemos querido investigar un poco sobre “las diez recetas con tomate más emblemáticas” y no ha sido tarea fácil, pero finalmente hemos optado por utilizar  un patrón verificable: las recetas que la Real Academia de Gastronomía incluye en su Legado Gastronómico, las que el portal oficial de turismo de España presenta como iconos regionales y las que los portales autonómicos consideran platos identitarios se concentran en cuatro familias de uso del tomate: sopas y emulsiones frías; ensaladas y aliños; sofritos, fritadas y cazuelas; y salsas de mesa. Sobre esa base documental, hemos realizado una selección razonada de los que pueden ser estos diez platos.


1. Gazpacho andaluz. Es probablemente el gran clásico español del tomate: el portal oficial de turismo lo define como una sopa andaluza a base de tomate, pimiento, ajo, aceite, vinagre y agua, y además señala que se ha popularizado prácticamente en toda España.


2. Salmorejo cordobés. Comparte familia con el gazpacho, pero aquí el tomate pesa aún más en la identidad del plato por su textura densa y cremosa; Spain.info lo describe con una base de tomate, pan, ajo y aceite, y la cocina andaluza lo presenta como uno de sus emblemas.


3. Porra antequerana. Es una de las grandes sopas frías de cuchara de Andalucía; Turismo de Antequera la presenta como uno de los platos más típicos de la ciudad, elaborada con tomate, pan, aceite, ajo y pimiento verde.


4. Pa amb tomàquet / pan tumaca. Aunque sea muy sencillo, es absolutamente emblemático: Spain.info lo incluye entre las tapas más populares de España y lo define, literalmente, como pan, tomate, aceite y sal; sin el tomate, deja de existir como preparación.


5. Pisto manchego. Es uno de los platos españoles más claramente construidos alrededor del tomate: el portal oficial de turismo lo presenta como especialidad de Castilla-La Mancha y, en su versión en inglés, como una receta convertida en “speciality” nacional.


6. Pipirrana de Jaén. Spain.info la describe como la “alternativa sólida” al gazpacho andaluz y como una ensalada tradicional jiennense; la cocina andaluza la enumera entre sus preparaciones más características con tomate, pimiento y otros vegetales frescos.


7. Samfaina catalana. La Real Academia de Gastronomía la define como una especie de pisto catalán con tomate, cebolla, pimientos y berenjena; es una de esas elaboraciones mediterráneas donde el tomate no acompaña: estructura todo el plato.


8. Tumbet mallorquín. La Real Academia de Gastronomía lo recoge como receta propia de Illes Balears, formada por capas de patata, berenjena y pimiento cubiertas con salsa de tomate; precisamente esa capa final de tomate es la que le da su identidad.


9. Magras con tomate. No tiene la fama nacional del gazpacho o el salmorejo, pero sí un gran peso tradicional en Aragón; Spain.info la presenta como receta aragonesa basada en lonchas de jamón de Teruel cubiertas por una salsa espesa de tomate.


10. Bonito con fritada. En La Rioja, la fritada de tomate, cebolla y pimiento no es un simple acompañamiento: es la razón culinaria del plato. Spain.info lo recoge como receta riojana con 1,5 kg de tomates para 1,2 kg de bonito, lo que deja claro el protagonismo del tomate en la elaboración.


La conclusión principal es que el tomate no actúa siempre del mismo modo. En unas recetas aporta agua, acidez y color y funciona casi como “caldo vegetal” crudo; en otras, su pulpa convierte el pan en crema; en otras, su capacidad para empapar, refrescar o “sucar” define el plato; y en los guisos o salsas cocinadas es el elemento que da estructura, cohesión, brillo, dulzor-acidez y sensación de cocina doméstica. Por eso hablar de “ingrediente principal” no significa solo contar gramos: significa identificar qué ingrediente da identidad culinaria y sensorial al plato.